Declaro en este momento abandonada la época de tristeza y angustia. Dejo atrás todo lo que ocurrió hasta la hora pasada. Es el principio de una nueva etapa, un nuevo movimiento que llegó para acabar con todo el mal humor y la falta de ganas de sonreír. A partir de hoy el mundo es mejor, la vida es más bella y el presente es lo único que importa. Aquél que no sea capaz de seguir el ritmo será multado y solo podrá pagar la deuda con el estado de la alegría siendo -FELIZ-.
Borro del mapa a todos los políticos que solo se dedican a ocupar sillas y nombro a la paz, el amor y el positivismo presidentes del nuevo gobierno.
Es ahora o nunca. Quien no siga la ley del amor no puede vivir en este mundo. Las penas las matamos con un vaso de alcohol, un chiste malo y una tarde con tus amigos hablando sobre tonterías y pasando el rato. La felicidad se comparte, invita la casa.
¿Preocupación? ¿Desamor? Los corazones rotos y desesperanzados se toman vacaciones por tiempo indeterminado, con derecho a cobrar por cada día perdido.
Ser feliz en muchos lugares es una opción, en ese estado una obligación, y el que no esté de acuerdo, ahí tiene la puerta.
Que no se le ocurra a nadie decirme algo negativo o perder las esperanzas que le envío al calabozo de la indiferencia.
Las noticias malas las meteré en la papelera de reciclaje y las transformaré en votos de esperanza. Dejaré paso a las nuevas generaciones enseñándoles que lo único que importa es lo que llevas dentro, lo exterior sobra y tu vida debe ser seguida por lo que te llena. No está permitido arrepentirse. La vida es como un libro y cada página es un día vivido. El mundo abre las puertas al nuevo movimiento de iluminación de la humanidad. Las tinieblas dejaron de existir y no se permite tiempo frío. Se acercan días soleados con playas llenas de turistas y cultura. La ley del más fuerte y del más rico se quedó en el siglo pasado, en esta nueva era no hay espacio para clases sociales, aquí todos somos iguales.