"De meditar mirando al techo al despertar, de imaginar cualquier cosa. De no ser por esas veces en que suelo respirar podría jurar que no recuerdo nada"
Puede ser que me haya levantado y me haya preguntado a dónde han ido todas aquellas cosas que callé, los sueños que dejé de perseguir y el dolor que alguna vez sentí. Sobre todo el dolor. Esas cosas que no dije, las olvidé, porque creía que era mejor no decirlas, o di por hecho que se sobreentendía. El te quiero que nunca dije a mi padre porque le culpaba por ser como es; el lo siento que dicho a tiempo hubiese sanado más rápido la herida pero elegí el silencio eterno que es algo así como echar sal todos los días a esa herida abierta. Los sueños que dejé de perseguir acabaron adormeciendo en mi interior, como un dragón que custodia el encierro de una princesa hasta que llegue un valiente caballero para rescatarla. Pero están aquí, dentro de mí, esperando que algún día reconozca que los tuve y que por la razón que fuese, no seguí adelante. El miedo es un grandísimo hijo de puta. Es como la bruja malvada que encierra a la princesa. Es, en definitiva, lo que nos hace desistir y fracasar. Y el dolor, bueno, el dolor al final se va con el tiempo.
Pero descubrí que hay días en los que creo ya no saber con qué cara mirarme al espejo si al final poniéndome lo que sea seguiré luciendo como si no fuera nadie; seguiré conociendo a gente basura, seguiré equivocándome y siendo muy cruel con otras personas que solo quieren lo mejor para mi. Y en realidad si lo veo así ¿qué tengo?
Todo el mundo desea ir a un lugar distante donde probablemente todo sería más fácil. En realidad da igual lo lejos que te vayas, el pasado no se va. Los que se fueron ya no volverán. Los que echaste no te pedirán que te quedes y a los que te echaron nunca les escucharás pedir perdón. Las palabras no saldrán de tu boca, no recuperarás tus sueños ni te harás inmune al dolor. Así que pensarás que lo mejor es seguir adelante con todo lo que llevas encima pero es mucho tiempo y ya sabes que demasiado de cualquier cosa es malo. Hasta la felicidad sin control sabes que en el fondo tiene algo de desespero. Desespero por aparentar, y qué triste es eso, sobre todo cuando lo ves tan a menudo en los ojos de los que te rodean. Puede que creas que si el dolor se va con el tiempo, lo mejor es esperar y que sea lo que sea. Y así una y otra vez. Si no fuese porque te cambias de ropa podrías decir que vives en el mismo día. Y ahora es cuando hay que sacar el conejo de la chistera. Cuando en vez de decir actúas, ¿me entiendes? Ahora es cuando te ves cansada de lo mismo, de la rutina, de fracasar, de no hacer nada. Ahora es cuando vas. Es cuando la gente te dice que estás cambiando solo porque no haces las cosas como ellos quieren y eso es muy buena señal. A lo mejor no es tarde para decir lo que has callado, pedir perdón a tiempo, perdonar...perdonarte. A lo mejor no es tarde para entender que si el dolor se va con el tiempo, ¿qué carajo estás haciendo lamentándote? Da igual cuán gris se ponga las nubes sobre la cabeza, la frente siempre alta porque si vives mirando al suelo no verás el futuro, y dejarás que el pasado ocupe el presente pero puede ser que hoy también haya decidido que quien vive de pasado es museo, y que da igual lo que tienes o no si sabes a quien tienes.
"Quiero que por segundos la gente compruebe que el mundo puede cambiar al luchar por lo que se quiere"
Puede ser que me haya levantado y me haya preguntado a dónde han ido todas aquellas cosas que callé, los sueños que dejé de perseguir y el dolor que alguna vez sentí. Sobre todo el dolor. Esas cosas que no dije, las olvidé, porque creía que era mejor no decirlas, o di por hecho que se sobreentendía. El te quiero que nunca dije a mi padre porque le culpaba por ser como es; el lo siento que dicho a tiempo hubiese sanado más rápido la herida pero elegí el silencio eterno que es algo así como echar sal todos los días a esa herida abierta. Los sueños que dejé de perseguir acabaron adormeciendo en mi interior, como un dragón que custodia el encierro de una princesa hasta que llegue un valiente caballero para rescatarla. Pero están aquí, dentro de mí, esperando que algún día reconozca que los tuve y que por la razón que fuese, no seguí adelante. El miedo es un grandísimo hijo de puta. Es como la bruja malvada que encierra a la princesa. Es, en definitiva, lo que nos hace desistir y fracasar. Y el dolor, bueno, el dolor al final se va con el tiempo.
Pero descubrí que hay días en los que creo ya no saber con qué cara mirarme al espejo si al final poniéndome lo que sea seguiré luciendo como si no fuera nadie; seguiré conociendo a gente basura, seguiré equivocándome y siendo muy cruel con otras personas que solo quieren lo mejor para mi. Y en realidad si lo veo así ¿qué tengo?
Todo el mundo desea ir a un lugar distante donde probablemente todo sería más fácil. En realidad da igual lo lejos que te vayas, el pasado no se va. Los que se fueron ya no volverán. Los que echaste no te pedirán que te quedes y a los que te echaron nunca les escucharás pedir perdón. Las palabras no saldrán de tu boca, no recuperarás tus sueños ni te harás inmune al dolor. Así que pensarás que lo mejor es seguir adelante con todo lo que llevas encima pero es mucho tiempo y ya sabes que demasiado de cualquier cosa es malo. Hasta la felicidad sin control sabes que en el fondo tiene algo de desespero. Desespero por aparentar, y qué triste es eso, sobre todo cuando lo ves tan a menudo en los ojos de los que te rodean. Puede que creas que si el dolor se va con el tiempo, lo mejor es esperar y que sea lo que sea. Y así una y otra vez. Si no fuese porque te cambias de ropa podrías decir que vives en el mismo día. Y ahora es cuando hay que sacar el conejo de la chistera. Cuando en vez de decir actúas, ¿me entiendes? Ahora es cuando te ves cansada de lo mismo, de la rutina, de fracasar, de no hacer nada. Ahora es cuando vas. Es cuando la gente te dice que estás cambiando solo porque no haces las cosas como ellos quieren y eso es muy buena señal. A lo mejor no es tarde para decir lo que has callado, pedir perdón a tiempo, perdonar...perdonarte. A lo mejor no es tarde para entender que si el dolor se va con el tiempo, ¿qué carajo estás haciendo lamentándote? Da igual cuán gris se ponga las nubes sobre la cabeza, la frente siempre alta porque si vives mirando al suelo no verás el futuro, y dejarás que el pasado ocupe el presente pero puede ser que hoy también haya decidido que quien vive de pasado es museo, y que da igual lo que tienes o no si sabes a quien tienes.
"Quiero que por segundos la gente compruebe que el mundo puede cambiar al luchar por lo que se quiere"