Pingüinos en la cama
21:10A ti que te consuelas con cubrir de conformismo las huellas del fracaso.
26 de agosto, 33 grados fuera y sin embargo, aquí dentro se siente el frío del mismísimo puto invierno ruso, la pega es que no hay vodka que amenice esta sensación.
A veces por las noches los pingüinos vienen a mi cama buscando refugiarse en el hielo que provoca esas ganas de yo qué sé de qué, pero de algo. Algo diferente, el cambio de chip que todos piden solo que yo aun no he encontrado la forma de abrir el soporte para cambiarlo. Pero aun así se siguen esperando máximas temperaturas en este verano interminable. ¿Verano? ¿Con lunes y domingo? No me fío. Yo solo veo invierno desde que se fue el calor de aquellos abrazos, aquellos días y aquellas historias. La calma es eso que dicen llegar después de la tormenta pero ya ha pasado julio y las nubes grises siguen rondando, buscando no sé qué putas y la dicha calma que no aparece para espantarlas. "Se avecinan tormentas", oigo en la radio consciencia. El locutor dice que aun así al mal tiempo buena cara pero cuando da la fórmula se va la señal y solo escucho ruido. Ruido molesto de consciencia perturbada que no me deja en paz. "¡Cállate!", le digo. Pero hace caso omiso y no me deja dormir. Luego viene de mala gana a decirme que ya están los pingüinos otra vez escondiéndose del calor detrás de un bloque de hielo, y le pregunto "¿dónde, cojones?", y me dice que aquí. Enciendo la luz y les encuentro apoyados en mí. No es el inivierno que no se va para que entre el verano, soy yo que me he vuelto fría y ni le he dejado entrar. De pronto veo como los pingüinos están huyendo. Ya podía ser porque vuelve el calor, hijos de puta. Pero no, tan solo me estoy derritiendo.
Ahora mira cómo me deshielo, tú hazlo cuando tengas tiempo, yo te espero.
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