Mientras tú... yo siempre...

21:50

La puntualidad de los sentimentales que estiran el tiempo como si un adiós fuera a durar toda la vida y una despedida, que no terminó.

Ya casi se me había olvidado aquella sensación de vuelco en el corazón al tenerle en frente. Estaba allí. Tan cerca de mí que hasta pude escuchar su risa y oler su perfume. Tanto tiempo preguntándome cómo reaccionaría y justo en aquel momento obtuve la respuesta.
Mi mirada seguía clavada en su rostro mientras mi corazón latía cada vez más fuerte, el calor invadía mi cuerpo y hasta me costaba respirar. Fíjate si me puse nerviosa que las personas que caminaban se veían desenfocadas, no sé si me explico. Y junto a todo ese aglomerado de sensaciones me fui dando cuenta de lo presente que estaba en mi vida pese a todo aquel tiempo distantes, sin saber nada el uno del otro. "¿Me habrá visto?", me preguntaba interiormente. Pero parecía que no, no se giraba. "En el fondo es mejor así, sino menuda putada", pensé luego. Pero no. "¡Qué coño, quiero que me vea, quiero ver su reacción al verme!", pensé. Así que me quedé otros cinco segundos más mirándole y deseando que se girara. Se giró y como era de esperar, nuestras miradas se encontraron. Su sonrisa de repente desapareció despacio. La mía estaba a punto de salir cuando sentí como una espada atravesaba mi pecho y una lágrima tímida bajaba por mi mejilla. En aquel momento se fueron todas las dudas. No hizo falta que habláramos, solo el hecho de verla de su mano fue suficiente para que quisiera salir corriendo y esconderme en mi habitación sin salir nunca más de allí. Pero las piernas no me respondían, y por eso pude ver como a él también se le asomaba un llanto. Tenía la mirada puesta en mi mano. Resultaba que yo también tenía a alguien. Alguien en la misma posición que su alguien. Distraído y sin percartarse de todo el desastre que estaba ocurriendo en aquel minuto. No sé por qué pero al ver su mirada me solté de la mano de mi alguien y él, por increíble que parezca, también. Quería explicarle tantas cosas pero ya de nada servía. Ya teníamos nuestras respuestas.
Fue consolador saber que ambos mantuvimos nuestra promesa de ser felices para siempre. Solo que en el momento de hacerla no contábamos con que lo seríamos, pero no juntos.

Y eso que a veces cuando atardece pienso en la vida que voy a perderme. Luces incandescentes, sueño que vienes a verme.

You Might Also Like

1 comentarios

Popular Posts

Like us on Facebook

Flickr Images