Todos somos Bruselas... ¿y Pakistán?
16:16Ha vuelto a ocurrir. Cuando la gente ya se había quitado el filtro de la bandera francesa de sus fotos de perfil en las redes sociales, Europa vuelve a ser el escenario de la manifestación del odio del Estado Islámico. Alrededor de las 7:45h del 22 de marzo se producía una explosión en el aeropuerto de Bruselas, provocando la muerte de 14 personas y decenas de heridos, además de los daños significativos en las instalaciones. Minutos después el caos se desplazaba a la estación de metro Maelbeek, aumentando a 32 el número de fallecidos y duplicando los heridos. Nuevamente todos volvíamos a ser una capital europea, todos éramos Bruselas.
Los responsables fueron señalados rápidamente. Dos hermanos suicidas con la ayuda de un tercero que, tras finalmente ser capturado, fue liberado por la policía debido a la falta de pruebas. Los medios hicieron eco de las investigaciones, víctimas y acusados. Vimos los detalles en todos los telediarios, periódicos e internet. Hasta la saciedad. Fotos, vídeos y declaraciones. Queríamos justicia.
Pero el 27 de marzo los cristianos de Lahore, Pakistán, celebraban la Pascua con sus familias. Una plaza llena de personas. Un suicida explotó una bomba a escasos metros de los columpios, causando la muerte de 72 personas y dejando a 359 heridos. La mayoría de las víctimas eran mujeres y niños. Me pregunto dónde estaban los filtros y la indignación. ¿Por qué nos duele menos Pakistán que Bélgica?
Algunos lo justifican por cuestiones de cercanía, pero no es la primera vez que cerramos los ojos a lo que ocurre en oriente.
Hay una crisis, es evidente. Pero no es económica ni política. Es una crisis de humanidad. Cerramos las fronteras, echamos a los que piden refugio olvidándonos de nuestra historia, y condenamos a pagar las consecuencias a los que no tienen la culpa. Señalamos y pedimos integración, que se relacionen. Pedimos que esto acabe y suplicamos por paz. Pero la paz de occidente, la paz de Europa. Mientras que todo lo que está lejos es consecuencia de otro Dios, su Dios. Y damos voz a los europeos que son víctimas mientras dejamos en silencio a los otros. Pero resulta que la paz sin voz no es paz, es miedo.
Bruselas no me duele más. La falta de humanidad, sin embargo, me duele mucho. En todos los lugares.
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